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MENTE SANA EN CUERPO SANO

La poesía alimenta tu espíritu,
el ejercicio alimenta tu cuerpo...
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domingo

A UNA SOMBRA



Solo te vi un instante....

ibas como los pájaros 

sin detener el vuelo, 

sin mirar hacia abajo...

Cuando quise apresarte 

en la red de mis manos,

sólo llevaba el viento 

un perfume de nardo,

y ya lejos, dos alas,

borrabanse en ocaso...

¡Oh, visión que brillaste

como fugaz relámpago!

¡Oh, visión peregrina 

que, cual ave de paso,

cruzaste por el cielo

de mis soñares vagos!

Tras ti, cual mariposas,

mis anhelos volaron,

y aun no tornan del viaje

que soy fiel y te amo.

Te amo con locura

porque en tu vuelo rápido,

no viste que se alzaban

hacia ti mis dos manos...

Por que ante mí pasaste

como sueño fantástico,

por que ya te extinguiste

como los fuegos fatuos.

¡Oh, aparición divina,

bella porque has volado!

¡No retornes del viaje!

Yo, con pasión te amo,

por que fuiste en el cielo

de mis soñares vagos,

solamente dos alas

y un perfume de nardo...

sábado

POEMA




Te converso en el claustro de mi sangre,
tú respondes, eres el eco de mi propio ser, 
el inaudito, el de las verdes costas infinitas,
el que no anota el tiempo de los otros.
Dibujas parabanes y leyendas,
te mueres por la paz de mis recintos
cuando la noche abre sus penumbras,
sus delicados reinos de fragancia
al destino tenaz de mis asombros.
Yo soy esa mujer que pasa incierta
entre nieblas, palomas y memorias.

jueves

Y YO TE AMABA


Y yo te amaba
antes que el rocío
cayera como lágrima en la tierra,
antes de que los campos
se inundaran de luz en la mañana,
antes que la materia
sacudiera el silencio
al revelar su signo.
Y yo te amaba desde siempre
y te buscaba en la espiral del tiempo:
en cada Edad y en cada círculo
del porvenir incierto,
a través de la lluvia y de los mares,
a través de la sombra y del abismo,
a través de mi grito y de mi sueño.

En las calladas noches 
esperaba tu barco
para que anclara un día
sobre mi corazón de fuego.
Y vencedor llegaste, desatado,
a mi sedienta isla
con esa magia que te ha dado el tacto.
¡Oh sitiador violento
de todos mis caminos!
Y vencedor llegaste perforante,
a turbar el silencio
de mi febril espera.
Y a mí viniste,
vertiginoso río,
sobre mis valles y montañas
a destrenzar los vientos
y a despertar los pájaros del sueño.
Y a mí viniste
con resplandor de estrella
hombre de musgo y de metal oscuro,
una pirámide, un templo
alzose con tu imagen.
Fundiste entre mis aguas
tu rostro de granito.

Ahora la esperanza
como sedosa hiedra
ha subido segura por mis huesos.
Hay un incendio
de amor sobre mi pecho:
crecen las llamas de mi propia brasa.
Agitaste las pasiones
sobre el tendido valle de mi cuerpo:
vivió el calor la luz;
el vino de mi sangre derramose
en ondulante río,
crecieron las rosas del silencio
y un vendaval de ruiseñores
cantó la Primavera...

Por tu cuerpo de miel
sonríe un mundo musical,
de extraña aurora:
entretejidos sueños para el hombre
que vuelca su esperanza
en colectivos rostros.
Acaso en uno de tus puertos
quedóse un jeroglífico
quizás indescifrable...
Hay un cristal azul sobre tu pecho
que refleja otra patria y otro siglo,
un vuelo de palomas por tus manos
y un olor a limón en tus colinas.
Eres la tierra
el rumor intacto
el agua transparente y la poesía.

Quisiera estar contigo
temblante cada noche
-gacela herida a tu costado-
donde siempre el silencio
tendiera ya sus alas.
En la callada pieza, 
y se duermen los ecos y los ruidos;
cuando el gemir yacente no te puebla
y se quedan tus labios apagados
-amortajadas rosas del silencio-
tus poros brotan un sudor tranquilo
que va cayendo de tu piel oscura
como rocío de la noche inmensa:
quedando florecido
el trébol soledoso de mi cuerpo.

Hoy pudiste conducir
tu deseo hacia mis muros,
sumergirte gozoso
en los ocultos mares de mi gracia,
hombre de sed, de húmedo tacto,
descubridor de mis sentidos,
buceador en las aguas
de mis ríos lentos.
Tuyo es mi barro
con su antigua leyenda
de palpitantes sueños
y tuyo mi destino
de sinuosos cauces.

No me dejes a solas 
con el roto silencio
y con la inocencia perdida.
No me dejes a solas
como temblante estatua
en luminoso fuego.
No me dejes en sonoroso
marea amurallada
en este laberinto de la vida.
Deja que mis ojos se sequen
de mirarte siempre
y mis palabras giren
llenas de júbilo
para buscar el viento.

LILIAM JIMÉNEZ ( El Salvador, 1922 )

martes

OLVIDO




Se me olvidó tu nombre,
no recuerdo
si te llamabas luz o enredadera,
pero sé que eras agua
porque mis manos tiemblan cuando llueve.




Se me olvidó tu rostro y tu pestaña
y tu piel por mi boca transitada
cuando caímos bajo los cipreces
vencidos por el viento,
pero sé que eras luna
porque cuando la noche se aproxima
se me rompen los ojos
de tanto querer verte en la ventana.




Se me olvidó tu voz, y tu palabra,
pero sé que eres música
porque cuando las horas se disuelven
entre los manantiales de la sangre
mi corazón te canta


CARLOS MEDELLÍ


lunes

EL ESPEJO

Me instalo frente a ti, 
miro tus ojos
y vigilo el espacio 
donde tu voz me busca.
Me estremece el dolor 
del encuentro imprevisto,
la sed con que te acercas 
al borde de mi sombra,
el hueco que descubres 
en la luz de mi espejo.
La soledad me arropa. 
Sólo en la noche existo.
Y nunca me detengo 
sobre el mismo minuto
en el que tú te apoyas 
para seguir llamándome.
Suéñame de otro modo. 
Sacude el saco triste
del idioma heredado. 
Cuéntale a las palabras
las historias oscuras 
que sólo tú conoces;
diles cómo te asusta
 mi presencia y mi odio,
cuánta muerte te cuesta 
acariciar mi huida.
A veces, en el centro mismo 
de tu pregunta,
me reconozco 
y corro hacia otra oscuridad:
es amargo encontrar 
al final de un abrazo
mi propio grito erguido 
y mi propio deseo.
Por eso me divido, 
me desdoblo y me hundo
en heridas distintas: 
me da miedo encontrarte.
Tu sonido es el mío. 
Tu tristeza, tus ropas
saben a mí, 
y me escuece el recuerdo adherido
al tiempo conciliado, 
al tiempo único
en que la conjunción 
habitó nuestras sangres.

E.S


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